UNA REALIDAD ABRUMADORA QUE HA SIDO ENTERRADA BAJO EL MITO DE LA INEXISTENTE MASONERÍA ATEA. Los orígenes cristianos de la masonería —tanto de la masonería operativa medieval cuanto de la masonería especulativa moderna— son un hecho probado e indiscutible al que dedicaremos un artículo con evidencias documentales abrumadoras. Pero, ¿una masonería católica? Pues, sí. Los masones de Rito Escocés son católicos Estuardo huídos de Gran Bretaña después de la guerra dinástico-religiosa que los enfrentó, no a los ateos, sino a los cristianos reformados o protestantes. Cristianos no-católicos, pero cristianos a fin de cuentas, de la misma observancia que quienes luego promoverán las famosas Constituciones de Anderson, documento fundacional de la masonería moderna. Sin embargo, se acostumbra a olvidar que los masones católicos derrotados huyeron a Francia y allí fundaron su propia organización, denominada Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coen del Universo. Descubrimos la existencia de esta importante masonería durante la lectura del libro Amos del mundo. Una historia de las conspiraciones (Barcelona, Penguin Random House, 2006), del escritor Juan Carlos Castillón. Un masón de rango confirma e ilustra su existencia. 

EL FRAUDE DE LA PRESUNTA MASONERÍA ATEA, COMUNISTA Y SATÁNICA (1). MASONERÍA Y COMUNISMO

MASONES CATÓLICOS

Vamos a reproducir aquí algunos de los pasajes de la obra de Castillón, que no es un masón sino un ex ultraderechista inteligente, y luego iremos cruzando los datos con otras fuentes, algunas de ellas masónicas, para verificarlos. Porque ante todo es menester hacerse una idea de la enormidad del asunto, que los ignorantes —cuya fuente preferida sería, por ejemplo, el ultraderechista Mauricio Carlavilla— han pasado por alto o, peor, ocultado de forma deliberada, todo ello con el único fin ansiolítico y terapéutico de que sus esquemas cuadriculados de creyentes judeo-cristianos (Dios/demonio, buenos/malos, salvación/condenación…) no se tambalearan. En efecto, ¿cómo podían aceptar unos fanáticos religiosos católicos, con mentes acuñadas en el molde del Santo Oficio (Inquisición), que sus peores enemigos compartían la misma ideología que ellos? Pues, sí (op. cit., p. 79):

(…) la masonería nació dentro del seno del cristianismo e incluso dentro del catolicismo más combativo. En 1688, el rey Jacobo II de Inglaterra, católico e impopular, fue depuesto del reino por su yerno, el protestante Guillermo de Orange. Jacobo huyó a Francia dejando tras de sí un partido, el jacobita, que tomaba su nombre de la versión latina —Jacobus— del de su rey. Primero Jacobo II y después su hijo se convirtieron en personajes del folclore romántico de las islas británicas —Rob Roy, el legendario ladrón escocés, fue jacobita— y siguió teniendo partidarios en las tierras altas de Escocia y Gales. En su exilio en Francia, donde fue acogido por Luis XIV, se halla uno de los orígenes de la masonería francesa que su dinastía llevó desde Escocia. En 1746, después de ser derrotado en la batalla de Culloden, el último pretendiente jacobita, Charles Edward Stuart, escapó a Francia. Un año después creó en Arras la logia Masónica Soberana Primordial de la Rosa Cruz, si bien no se trataba de la primera logia en suelo francés. 

Y concluye con esta frase espectacular, aplastante y letal para todos los Carlavillas del mundo:

Los católicos ingleses fueron los primeros en llevar la masonería a Francia. 

Espada masónica de LaFayette.

La primera logia francesa fue fundada (1721) por un católico, Charles Radclyffe, lord Derwentwater, en Dunkerque. En 1725 los masones ya están en París, pero estos masones pertecen a los círculos católicos de los Estuardo. El ideólogo de la Contrarrevolución y legitimista ultramontano Joseph de Maistre  —padre de la ultraderecha europea— es… masón. [véase p. 140, n. 392, de la tesis doctoral «ORTODOXIA Y HETERODOXIA EN LA FILOSOFÍA DE JOSEPH DE MAISTRE. SUS ANTECEDENTES Y SUS HUELLAS EN EL PENSAMIENTO CONTRARREVOLUCIONARIO ESPAÑOL (1833-1936)», de Antonio Fornés Murciano, Universitat Ramon Llull, s/f]. La Gran Logia de Francia advierte en sus estatutos que sólo admite a cristianos:

«La orden está abierta sólo a los cristianos. Es imposible aceptar a cualquiera que no pertenezca a la Iglesia de Cristo. Judíos, mahometanos y paganos son excluidos por incrédulos» (J. C. Castillón, op. cit., p. 79).

¡Los tolerantes masones! Aunque no todas, muchas logias francesas inadmitían también al principio a los cristianos reformados, con lo que, obviamente, eran logias estrictamente católicas. Había logias compuestas únicamente por sacerdotes, como la de La Vertu, en Claraval (p. 80). Según Castillón, la Gran Logia de Francia, católica, se fue dividiendo con los años debido a enfrentamientos sectarios de carácter ideológico, litúrgico, simbólico, personalista, etc. Algo que acostumbra a suceder entre los creyentes cristianos lectores de la Biblia, que tienden a poner énfasis en distintos aspectos de un Libro de miles de páginas (cada fragmento o pasaje comporta potencialmente una secta). Pero de ahí se desprende que el mito ultraderechista de la masonería revolucionaria es una invención del abate Barruel. Poco antes de la Revolución Francesa, en efecto, no existía una dirección unificada, mucho menos atea, de la masonería. 

Joseph de Maistre, ideólogo fundador de la extrema derecha europea.

Además, es el ultraderechista Joseph de Maistre, aunque sus seguidores inconscientes lo ignoren, quien sale en defensa de la masonería:

(…) cuando Joseph de Maistre defendió la masonería de las acusaciones vertidas en contra, hizo notar que ésta nunca pretendió ser una sociedad igualitaria sino que sus miembros se trataban —son sus palabras— «con la mayor de las decencias», dándose el tratamiento correcto de «hermano barón o hermano marqués» (pp. 80-81).

Las logias, como puede inferirse de lo dicho, rebosaban de curas, aristócratas y demás… comunistas. Tal era la división entre los masones franceses, que un masón podía estar hablando con otro masón pero de una logia diferente sin saber que era también masón. La imposibilidad de que las logias se pusieran de acuerdo para derribar a la monarquía, cuando muchas de ellas defendían, precisamente, idearios legitimistas, además del católico o cristiano, es una obviedad que sólo los asnos ultraderechistas niegan con tozudez. ¿Debemos concluir que la masonería es católica? No, por supuesto. Pero el mito de la masonería atea, comunista y satánica es un impostura. A continuación concederemos la palabra a un masón para que nos explique un esquema de la variada ensalada masónica en función de sus inclinaciones ideológicas.

Ramón Martí Blanco, Gran Prior del Gran Priorato de Hispania.

LAS IDEOLOGÍAS DE LA MASONERÍA

Ramón Martí Blanco es Gran Prior del Gran Priorato de Hispania y en mayo de 2008 pronunció una conferencia sobre la masonería cristiana. Pueden descargarse el texto completo aquí.En la página 3, leemos:

Para mejor explicar la multiplicidad de distintas masonerías, me detendré a exponer ciertos retazos de las distintas tendencias del panorama masónico actual. Podemos distinguir dos grandes grupos: el primero, está constituido por aquellas Obediencias (aclararé, que Obediencia es el conjunto de masones que configuran una determinada asociación en cada país), que exigen la creencia en Dios para poder pertenecer a ellas, y estipulan que los trabajos de las Logias sean presididos por un volumen de la Ley Sagrada. Inicialmente era la Biblia, pero con el tiempo han cedido a que sea el Talmud, el Corán, según se quiera, por separado o los tres Libros juntos; el segundo grupo, está formado por la masonería liberal que no tiene tal exigencia.

Fuente: http://libroesoterico.com/biblioteca/masoneria/Masoneria%20Rectificada-Oviedo.pdf

Como puede observarse, no hay ninguna masonería atea, satánica ni comunista. La menos judeo-cristiana, sin dejar de serlo, a saber, la liberal, se caracteriza por su renuncia a imponer la creencia en Dios como requisito de admisión y ritual litúrgico. Se puede o no se puede creer, pero la institución masónica liberal como tal no difunde el ateísmo y, mucho menos, el comunismo o el satanismo. Por supuesto, los masones podrían mentir y ser todos comunistas satánicos y ateos (¿se puede ser ateo y satánico?) disfrazados more Carlavilla, pero, ¿lo era también Joseph de Maistre? ¿Lo fueron los masones dieciochescos que fundaron la francmasonería? Quede claro que estamos hablando de la masonería especulativa moderna, no de la masonería operativa medieval, más clerical todavía (católica benedictina), si cabe. Dentro del primer grupo de obediencias, a saber, las que imponen el Libro y, por ende, la fe en Dios como postulado teórico y práctico, es menester distinguir las siguientes tendencias:

Dentro del primer grupo, tenemos lo que se autodenomina “masonería regular”, encabezada desde el año 1929 por la Gran Logia Unida de Inglaterra, en la que se alinean –cada una en su respectivo país- las distintas Obediencias con unos postulados teístas, es decir, que en teoría para pertenecer a ellas, es necesario que sus miembros crean en Dios. Antaño, ello suponía que sus miembros debían creer en un dios revelado, e inicialmente resultaba un tanto hermoso pues reunía en su seno tanto a cristianos, como a judíos y musulmanes en una suerte de “ecumenismo” que con el tiempo se ha tornado en sincretismo y a la práctica, por un proceso de degeneración, hace que hoy éstas Obediencias estén plagadas de agnósticos y descreídos, contentándose actualmente con ser un lugar donde prima lo social y las buenas maneras, habiendo sustituido en la práctica la trascendencia teísta por el ejercicio de la solidaridad social con tintes de beneficencia. Aún y así, insisten en representar a nivel mundial una “ortodoxia” que se traduce en un exclusivismo que hace que solo pueda existir una obediencia regular por país, constituyendo quizá dicha exclusividad, el único acicate de un cierto prestigio con aire “victoriano” un tanto caduco cada vez más contestado entre los masones. La masonería, autotitulada “regular”, no reconoce a ninguna otra Obediencia ni ninguna otra masonería que aquella que no esté alineada con ella. A nivel numérico representa la mayoría masónica en la mayor parte de países –incluido el nuestro- a excepción de Francia donde no son la obediencia más numerosa.

«Masonería, satanismo y exorcismo», una obra del historiador académico franquista Ricardo de la Cierva.

En consecuencia, la masonería regular y mayoritaria es teístano puede ser comunista ni satanista, aunque, ¡ojo!, sí puede ser judía. Dentro de esta masonería regular mayoritaria se ubica la masonería cristiana, que no constituye, por tanto, un fenómeno atípico, marginal o accidental, sino que inscríbese en el meollo mismo del proyecto masónico (p. 4):

Dentro del grupo de Obediencias en las que se exige creer en Dios para poder pertenecer a ellas, y junto a las Obediencias autodenominadas “regulares” –a la derecha de ellas, sin que el apelativo deba entenderse en términos políticos- se encuentra la Obediencia que represento y me honro en presidir, denominada: Gran Priorato de Hispania, que exige a todos sus miembros no tan solo creer en Dios, sino más precisamente ser cristiano, es decir, agrupa aquellos que por el bautismo formamos el Cuerpo místico de Cristo, englobando, en nuestro país, a una mayoría católica romana, junto a ortodoxos, anglicanos, maronitas, cristianos todos en general, formando un auténtico ecumenismo, para nada manchado de sincretismo. Los trabajos de nuestras Logias y Capítulos están presididos, siempre y únicamente, por la Biblia -comprendiendo el Antiguo y el Nuevo Testamento- abierta por el Prólogo del Evangelio de san Juan. (…) Sin salir del mismo grupo, pero situándose a la izquierda de los “regulares”, tenemos, de manera decreciente a nivel de exigencia en cuanto a la creencia en Dios, al resto de Obediencias, que hacen de dicha exigencia un corolario de matices con distintos tintes éticos y morales y diferentes niveles de excepticismo [sic], que van aumentando en la medida que se apartan del Principio Único.

El llamado Principio Único es Dios. ¡Qué ateo! ¡Qué comunista! ¡Qué satánico!

Portada del libro de Mauricio Carlavilla «Satanismo», donde afirma que los grados superiores de la masonería rinden, en secreto, culto al diablo.

A continuación tenemos las logias que aseméjanse más a la imagen de las alucinaciones paranoicas ultraderechistas, sin por ello ostentar más que un lejanísimo aroma a azufre por aquello de que «el liberalismo es pecado» (pp. 4-5):

Frente a todos estos, tenemos el segundo grupo, compuesto por las Obediencias masónicas dichas “liberales”, encabezadas a nivel mundial por el Gran Oriente de Francia –mayoritario numéricamente en su país-, Obediencia, que desde 1877, decidió que sus Logias dejaran de trabajar a La Gloria del Gran Arquitecto del Universo, y renunciaron a que sus Tenidas (así se denominan las reuniones masónicas) fueran presididas por un Volumen de la Ley Sagrada, pudiendo disponer un libro con las páginas en blanco para que nadie se pelee. En este grupo se alinean los masones que son ateos, agnósticos o lo que les parezca, que por algo ellos son los más “liberales” y dejan la mayor libertad de conciencia a sus miembros, al menos en teoría, pues a la práctica el liberal a ultranza, lo es tanto que no acepta ningún tipo de creencia –salvo la no creencia-, y en mayor o menor medida se convierte en perseguidor de sus contrarios. Este grupo se caracteriza por una implicación directa de sus miembros en el mundo político y social, y sus Logias aficionadas al debate puro y duro. Son los auténticos herederos de Garibaldi y todos los libertadores.

¡Surgida en 1877, es decir, casi un siglo después de la Revolución Francesa, cuando renunciaron a la obligatoriedad del teísmo y la Biblia ritual! Poco pudo pues, la masonería, derribar a la monarquía en nombre de preceptos ateos o satánicos. Los descreídos, eso sí cada vez más, llegaron un poco tarde a la fiesta y podemos preguntarnos cuántos masones participaron realmente en calidad de tales en los sucesos sediciosos que se les imputan, como si «la» masonería (¿cuál?) hubiera organizado en secreto una suerte de golpe de Estado. Los hechos históricos no cuadran con estos mitos ultraderechistas alimentados por la ignorancia. Pero, por otro lado, de lo dicho se desprende que, si hubo participación masónica en la Revolución Francesa, ésta tuvo que ser teísta, siendo así que la atea a la sazón ni siquiera existía.

Johann Gottlieb Fichte, masón ateo e ideólogo fundador del nacionalismo alemán.

LA ORDEN DE LOS CABALLEROS MASONES ELEGIDOS COEN DEL UNIVERSO

Algunos pensarán que esta masonería, la cristiana, no es la más peligrosa, sino que lo son más bien masonerías liberales como el Gran Oriente de Francia. No nos pronunciaremos, por el momento, al respecto; sólo recordar que las masonerías liberales son las que han promovido los nacionalismos europeos, la idea de Estado-Nación y del Volkgeist («espíritu del pueblo»). En las mismas hallamos a personajes como Fichte, Herder, Federico II de Prusia, Cavour o Garibaldi, entre otros. En todo caso, debe quedar claro que, siendo las historietas sobre masonería y comunismo o masonería y satanismo poco menos que puras fábulas, la conexión entre masonería y judaísmo ha quedado totalmente probada.

Aquí tienen algunas logias de la masonería cristiana, cuya existencia real es tan indudable como desconocida para la mayoría de los ultracatólicos y, me atrevo a decir, para los católicos en general:

https://masoneria-cristiana.weebly.com/logias.html

Las distintas obediencias:

https://masoneria-cristiana.weebly.com/obedienciasgrand-lodges.html

Más enlaces:

https://masoneria-cristiana.weebly.com/otros-enlacesother-links.html

Libros de la masonería cristiana:

https://www.masonica.es/materia/masoneria-cristiana/

Así las cosas, esta la relación entre masonería y judaísmo se da y sólo puede darse precisamente a través de la masonería cristiana, incluida la católica, como veremos a continuación. En efecto, en su conferencia sobre los masones cristianos, Ramón Martí Blanco nos ilustra sobre la existencia de un libro de Eduardo R. Callaey titulado La masonería y sus orígenes cristianos. El esoterismo masónico que los antiguos documentos benedictinos (Buenos Aires, 2006) que confirma las raíces cristianas de la masonería. No abordaremos aquí, sino en otro artículo, el tema de la masonería operativa del que se ocupa Callaey, pero la lectura de esa obra nos permite seguir todo el proceso que va del nacimiento de la masonería —que fue, como sabemos, en sus incios, masonería operativa— hasta su transformación en masonería especulativa en el siglo XVIII. Callaey asevera lo siguiente:

(…) se han elegido un conjunto un conjunto de ideas fundamentales que, originadas en la tradición de los monjes constructores, influyeron directamente en las asociaciones operativas laicas y, a través de estas últimas llegaron a la masonería moderna. Ellas son: (a) La tradición del Templo de Salomón; (b) El simbolismo del Templo; (c) La idea de un Gran Arquitecto del Universo; (d) El pensamiento simbólico-alegórico: (e) El trabajo interior (desbastar la Piedra Bruta); (f) El trabajo exterior: la construcción del Templo a la Virtud (op. cit., pp. 151, vid. en Ramón Martí Blanco, op. cit., p. 6). 

Hemos contrastado la cita de Ramón Martí Blanco con un ejemplar original del libro de Callaey y es básicamente correcta. Con lo cual queda en evidencia que el ridículo nombre de la Orden, a saber, Caballeros Masones Elegidos Coen del Universo, no es accidentalmente judaico. Hay referencias a la idea de «pueblo elegido» y al término Coen (Cohen), a saber, sacerdote en hebreo, porque el concepto mismo de la masonería es judaico. El propio Martí Blanco reconoce que el ideólogo de la orden, Martinès (o Martínez) de Pasqually, era un cabalista (op. cit., p. 13) y que los Elus Cöen son sacerdotes judíos:

Elus Cöen (Cöen, en hebreo,significa sacerdote) (op. cit., p. 12).

Y, por si fuera poco, añade que todo el simbolismo masónico-católico remite a la «tradición del Templo de Salomón». Por tanto, el judaísmo se instala en la masonería ya en sus tempranos orígenes cristianos, no a través de una presunta degeneración que conduciría a las logias ateas o liberales minoritarias posteriores. Es la masonería benedictina la que introduce el judaísmo en las asociaciones laicas. Antes bien, serán esas logias presuntamente ateas las que difunden por Europa la idea de patria y los nacionalismos como nuevas religiones laicas de la Modernidad. El masonismo mayoritario es judaísmo, sí, pero sólo porque, en primer lugar, es judeo-cristianismo.

Figueres, la Marca Hispànica, 5 de diciembre de 2021.

DENTRO DE CADA CRISTIANO HAY UN JUDÍO O EL SIONISMO EN LA DOCTRINA CATÓLICA

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